Relatos/Short Stories

Siete cabezas sin cabeza

balaur

El Valiente cortando las cabezas del Balaur

Érase una vez un Balaur que vivía en una cueva, o un agujero en el suelo si lo prefieren, y esta criatura tenía siete cabezas, cada cual más terrorífica. El plato favorito de la bestia era, claro está, la carne humana, y cada vez que esta Cosa salía de su agujero todo el mundo se escondía en su casa hasta que la criatura satisfacía su apetito con algún turista estúpido o algún bravucón rebosante de bravura pero sin mucho cerebro que intentaba mesurar su orgullo con el tamaño del Balaur. La gente temía a la malvada bestia.

Un día el rey, después de ver como todos los intentos fracasados de los valientes héroes y los brujos que estos habían aportado a sus problemas, anunció que si había alguien en el reino capaz de dar caza y muerte al monstruo, el que lo consiguiera tendría la mano de su hija como recompensa. ¡Ay! La hija… era la criatura más preciosa vista nunca en la faz de la Tierra y muchos deseaban convertirla en su esposa, una valiosa joya para cualquier hombre; del color de la avellana eran sus hermosos ojos, labios carnosos y suaves delimitaban su sensual boca y un cuerpo espectacular que podría … hummmrrmm … yo…yo, ya les contaré más acerca de estos detalles un poco más adelante. Como decía, el rey ofreció la mano de su hija y al anuncio hecho por su majestad muchos jóvenes y valientes guerreros llegaron a la corte para ofrecer ayuda prometiendo hacer todo lo que otros no pudieron hacer. Entre estos valientes jóvenes había uno que se llamaba El Valiente (hay que entender que en la época los nombres eran algo simplones, y la gente no quería perder el tiempo en algo tan trivial, así que los nombres se escogían un poco al azar, la suerte de nuestro personaje es que lo primero que hizo fue salvar a un cordero de un lobo, y he allí como se ganó su nombre) y junto con los otros decidieron montar guardia cerca del castillo y esperar a que la bestia saliera.

Establecieron el campamento cerca del castillo y esperaron varios días. Cada día uno de los valientes montaba guardia, pero el Balaur no salio. Cuando llegó el turno de nuestro héroe, por la noche la bestia salio de su cueva. Tal como dije antes la bestia era terrorífica con sus siete cabezas y todo eso de comer a la gente, pero había algo que los aldeanos desconocían acerca de esta terrible criatura. Quizás sea el momento de hablar un poco de la bestia también, ¿no creen?

Lo que más asustaba a los aldeanos eran las siete cabezas, cabezas que la gente pensaba que actuaban como una, bajo el mando de la misma mente malévola. La verdad es que las siete cabezas del monstruo tenían sus propias maneras de pensar además de que cada una tenía su propio nombre. Estaba Metro, la cabeza más elegante de todas cuyas inquietudes se decantaban por la moda, el aspecto físico, y los perfumes lo que eran una verdadera pasión para él. Después estaba Roncar, que siempre tenía sueño y se pasaba el día durmiendo, algún tipo de apnea del sueño, y sobretodo roncaba todo el día como un cerdo. Apestoso era otra de las cabezas, que era completamente lo opuesto a Metro, motivo por el cual se encontraba en la parte izquierda del cuerpo, seis cabezas más allá de los perfumes de Metro. Aparte de Roncar y Apestoso en el lado izquierdo del cuerpo estaba Grimetio, a quien le daba grima que le tocaran, de hecho evitaba cualquier tipo de contacto con las demás cabezas. Junto a Metro se encontraban Laiky y Wulfmum. Laiky era muy inteligente, siempre mostró un gran interés por las estrellas y el firmamento, y cada noche escudriñaba el firmamento para nuevos descubrimientos, pero el problema era su dramatismo. Laiky siempre pensaba que algún día una de esas estrellas caería a la Tierra y esa idea le aterraba, cosa algo extraña viniendo de una cabeza tan científica como la suya. Wulfmum era diferente, vivía en su mundo de fantasía, donde no pensaba que era un Balaur sino un lobo. Las noches con luna llena sentía el extraño deseo de aullar como un lobo durante horas y horas. La última cabeza era la del medio, la más vieja, la más tranquila, y según las demás nunca pronunció una palabra, ni siquiera se sabían su nombre. Este es terrible monstruo al que todos odian.

Volviendo a nuestro héroe. Esa noche, tal como les decía, el Balaur salio de su cueva y aterrizó justo delante de El Valiente. El muchacho se sorprendió al ver tanta monstruosidad y el enorme tamaño de la bestia delante de sus ojos. Miró hacia atrás a sus compañeros que dormían a pierna suelta, y supo que no tenía escapatoria, tenía que luchar. Con una voz horripilante acompañada por un pestilente aliento, la cabeza del medio chilló:

– ¡Corta las cabezas!

– ¿Perdona, como dices? – preguntó el héroe algo asombrado por la voz.

– ¡Corta las cabezas! – repitió la cabeza mientras las otras seis se estaban discutiendo y peleando por Dios sabe que.

– ¿Pero porque?

– ¡ Solo hazlo, por el amor de Dios!

– Vale, vale, ¡allá vamos! – y así El Valiente empezó a cortar las cabezas del monstruo, hasta que solo quedó una, la del medio.

Después de cortar seis de las siete cabezas de la criatura, el Balaur empezó a arrojar fuego por su boca encima de los cortes donde solían estar las cabezas antes. El fuego cauterizó las heridas y entonces el Balaur se giró hacia El Valiente.

– Muchas gracias joven – le dijo con voz de agradecimiento-. Hiciste justo lo que deseaba desde hacía siglos, pero todos solo intentaban matarme y con el paso del tiempo me volví bastante impopular sabes, y la verdad es que no se porque.

– ¿Has intentado pedir ayuda?

– ¡Pues claro que sí!

– ¿Y que decías?

– “¡Corta las cabezas!” que otra cosa podía decir?

Mientras El Valiente le explicaba al Balaur que esa no era la manera más educada de pedir ayuda, los otros guerreros se despertaron, y cuando vieron la montaña de cabezas en el suelo y a nuestro héroe hablando con la bestia, rápidamente desenvainaron sus espadas y cargaron contra el Balaur. Estos jóvenes no eran malas personas, ¿pero como le explicas eso a una criatura a que intentan atacar? La bestia los frió a todos quedando solo las cenizas de todos ellos, justo antes de que el héroe pudiera abrir boca siquiera. Después de este pequeño incidente, el Balaur le dijo a nuestro héroe que le estaría eternamente agradecido por poner fin a su sufrimiento, la interminable pelea entre las otras cabezas, motivo de su temperamento histérico, salir por allí a atemorizar a la gente y sobre todo comerla. El Valiente le dijo que él podría ayudarle a convertirse en un Balaur más amistoso y le propuso volver con él al castillo.

Cuando el rey vio al joven héroe desmontar de la espalda de la criatura, se le heló la sangre. El Valiente sacó de su alforja las seis cabezas de la bestia y las enseñó al rey y a todo el reino. Les dijo que el Balaur nunca más les molestaría y que, bueno, que quería aprender a ser diferente. El viejo hombre aclamó su valentía sin hacer más preguntas, con eso ya le valía, y tal como prometió entregó la mano de su hija al joven guerrero, quien pronto se convirtió en un gran marido y un buen príncipe, apto para manejar todo el papeleo administrativo que volvía loco al rey que pronto pudo retomar sus clases de golf y pintura abstracta.

Claro está que todos vivieron felices y comieron perdices y todas esas cosas que se dicen. Y a lo que a mi se refiere, ahora mismo le estoy enseñando al gran Balaur nuestras maneras y como convertirse en una bestia educada y gentil, cosa que todos deberíamos saber de sobra. !Oh¡ y no pienso decirles nada más acerca de las curvas de la princesa, solo dejad fluir vuestra imaginación, tal como yo hice.

Fin.

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