Relatos/Short Stories

Lo que trae el viento

El viento… el viento lo mueve todo, las nubes, las hojas revoloteando, las ramas de los arboles, las olas de los mares, mi pelo… todo lo mueve y aún así no somos capaces de verlo. Solo vemos su rastro, justo lo que deja al pasar. Que las hojas de mi cuaderno se muevan solo es símbolo de que el viento ya ha pasado… es un acto pasado. Noto como acaricia mi cara, mis manos mientras escribo, la basura vuela en remolinos, hojas secas, papel y muchas otras cosas de las que nos deshacemos las personas. Un perro me olisquea los pies y su pelaje también es movido por el viento.

El viento es mágico, es único, él mueve la vida, siempre lo ha hecho. Yo, siempre he vivido con él, siempre lo he escuchado y consentido sus actos frenéticos pero no caóticos, porque el viento nunca es desordenado, él sigue sus pasos y sus reglas. Yo siempre lo he respetado y él a mi. Así es como nos tratamos y así es como empezó a hablarme. Él me habla, porque veréis, él sabe mucho, él lo escucha todo, él sabe guardar los secretos de los oídos inapropiados y los comparte con aquellos que merecen su respeto. Trae pensamientos lejanos que fluyen por sus corrientes tales aves migratorias, del oeste hacia el este, del sur hacia el norte y viceversa, en la carambola de sus deseos. Me habla, en los oídos me susurra tal amante apasionada que te acaricia los sentidos suavemente. La gente me mira. Pero no me importa, el viento me habla.

Oigo voces lejanas, quizás de lugares remotos, no las entiendo pero las escucho. Aunque no las entienda siento lo que me dicen. Una ráfaga de viento apasionada me embiste. Puedo notar su fuerza pero no puedo verlo, ni tocarlo, solo me toca él a mi. ¿Es así como debe ser la magia? A saber…

En uno de los momentos escucho una voz que trae el viento. Es un grito de una mujer. Se repite varias veces. Me levanto y echo a correr hacia el lugar de donde proviene. En unos instantes encuentro la fuente de la voz. Tres tipos están maltratando a una chica. Con el corazón exaltado y lleno de adrenalina, mi cerebro no percibe el peligro, solo la situación.

El viento me empuja por detrás, me da impulso y como alma que lleva el diablo echo a correr hacia los tipos. Grito en boca, puños apretados consigo atraer la atención de los tres justo en el momento en el que me lanzo encima de uno de ellos. Caemos al suelo. Los otros dos intentan cogerme, pero entre puñetazos y patadas no lo logran. El que está debajo mio tiene las manos en la cara para protegerse, pero de nada le sirve, el viento ha desatado su furia. Cuando por fin los otros dos me levantan el otro yace con la cara ensangrentada inconsciente en el suelo. Los siguientes momentos son confusos. Lo único que recuerdo es a los tres huyendo. Al cabo de unos minutos vuelvo a ser yo. La chica ya no está. Habrá huido. Me duele el brazo.

El viento me acaricia suavemente y me embauca en perfumes florales, jazmín, rosas y otras que no puedo identificar. La frescura del viento me relaja.

Pensando que la aventura del anterior día había acabado sin recompensa, al día siguiente vuelvo al mismo lugar para pensar y hablar con mi amigo el viento. Tengo un corte en el ante brazo, algo que supongo me pasó ayer mientras peleaba, y un moratón en la mejilla.

¡Dios que banco más incomodo!

Estoy sentado. Llevo cerca de una hora mirando y escuchando. Alguien se acerca por la derecha y se sienta a mi lado. No me gusta compartir banco, por motivos de privacidad, pero no puedo oponerme a ello. Levanto la cabeza y miro. Es una chica. Ella se sienta y yo vuelvo a lo mio. Al cabo de un rato ella me extiende algo.

Te pertenece” me enseña algo que reconozco como mi cartera. Se me debió de haber caído en algún momento. No se reaccionar.

¿Es tuya, cierto? Tú eres…Beneth Windsor, cierto?” asiento, que otra cosa puedo hacer, es mi nombre.

Siento haber huido” así que ella es… es ella cuyo grito el viento me trajo.

Nos miramos durante unos instantes.

Te entiendo” le digo sin dejar de mirarla a los ojos. Son preciosos. El viento hace bailar un mechón de su larga melena moviéndolo hacia mi cara hasta rozarme la mejilla.

Nos miramos durante unos instantes más. Me levanto y estoy a punto de irme.

Espera!” me giro. “¿Mañana a la misma hora?” Bajo la cabeza, y cuando la vuelvo a levantar me encuentro con su mirada de nuevo. Ella lo entiende, me asiente y sonríe y nos vamos cada uno por su lado.

Desde entonces este es nuestro lugar preferido. Es aquí donde nos refugiamos juntos para recordar.

El viento lo trae todo. Eso ya lo sabía, pero desconocía su poder. Nuca lo subestimé y siempre lo respeté, pero ¿es posible qué el viento traiga el amor? Y si es así, ¿significa esto qué el viento actúa como cupido? ¿O qué actúa como medio de transporte? ¿O es qué un trozo de nuestras almas circula por sus corrientes hasta encontrar su destino, otro pedazo de alma gemela?

A saber…

Yo lo que si se, es que tienes que creer, y si crees todo es posible.

El viento me acaricia la mano que sujeta el bolígrafo al poner el punto final.

 

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